jueves, 29 de noviembre de 2018

¿Que es la obsolescencia programada?


“Se nos obliga a gastar más cuando no es necesario, lo que conlleva pérdida de confianza”


"La obsolescencia programada nos obliga a entrar en un ciclo sin fin de consumo y desperdicio, pero se plantean otras vías para salir del ciclo comprar-tirar-comprar"


Todos hemos observado como alguna vez ciertos aparatos que deberían tener todavía un buen funcionamiento se estropean sin motivo aparente.¿Por qué con los todos los medios y avances actuales en todos los campos de la técnica no se diseñan los productos mejor? ¿Por qué no se diseñan para que duren más tiempo? Y, aunque se estropeen, ¿por qué no hay más facilidades para poder repararlos?

Esto se conoce como obsolescencia programada, la cual consiste en la reducción intencionada en la vida de un producto para aumentar su venta y consumo. Los productos no fallan con el tiempo porque estén estropeados, sino porque han sido diseñados para fallar pasado ese tiempo. Como explica Elías Chaves, “los productos no se diseñan para durar, sino para ir a la basura. Los ingenieros no crean la mejor máquina, sino la que genere el máximo beneficio con sus ventas”. Y esto tiene ventajas económicas, pero a su vez, tiene serios inconvenientes, que nos sitúan en un sistema productivo y de consumo insostenible.


Actualmente tenemos tres tipos de obsolescencia:

  1. Obsolescencia de función, se da cuando sale a la venta un producto más avanzado, es decir con nuevas y mejores funciones.
  2. Obsolescencia de calidad, el producto después de tener cierto tiempo de uso empieza a presentar fallas y un mal funcionamiento.
  3. Obsolescencia de deseo, cuando sale a la venta un producto más avanzado y las personas cambian el que ya tienen, solo por cuestiones de estilos o moda.

Esta afecta de varias maneras a los consumidores, de manera económica y de manera psicológica, entramos en un ciclo, comprar, usar, tirar, comprar, usar, tirar y llegamos a desear productos que no necesitamos.


Todo empieza en los años 1920, cuando los principales fabricantes de bombillas crean el cártel Phoebus, que fija los estándares de producción y venta, además de limitar la durabilidad de cada bombilla a mil horas. Antes de este acuerdo, algunas de las empresas fabricantes garantizaban en su publicidad hasta 2.500 horas de vida útil. En esos años, una influyente revista de publicidad norteamericana admitía que “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.


 “Aquella obsolescencia era un modelo de clases medias, planteaba un bienestar general, un consumo más generalizado y no reducido a círculos burgueses”, explica Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, a medida que la tecnología se desarrollaba y alcanzaba mayores niveles de complejidad, la obsolescencia fue separándose de esa visión positiva del consumo al alcance de todos y el crecimiento económico al cual no se le divisaba un fin. “Ahora es un fenómeno muchísimo más diseminado e integrado, se ha convertido en algo mucho más sibilino y poderoso”, apunta Alonso. El motivo ya no está en los bienes de consumo, sino en nuestra cabeza.

Así, cada día se generan cada vez más residuos y se consumen más recursos. Para los primeros, no siempre hay una gestión apropiada o ni siquiera un lugar donde depositarlos con seguridad, y los segundos no son infinitos. Se necesitan muchos más materiales para crear un producto nuevo que para ofrecer los repuestos para reparaciones. Además, si a estos residuos generados no se les aplican criterios de circularidad, donde deben implicarse las empresas productoras, se generan graves problemas de contaminación.

El primer gran ejemplo en Europa y a nivel mundial lo tenemos en Francia, cuya Asamblea Nacional aprobó la Ley 2014-344 de 17 de marzo de 2014 (Ley Hamon) relativa al consumo, y también la Ley de Energía de Transición, relativa a la transición energética para el crecimiento verde, en febrero de 2015. Estas leyes impulsan la puesta en el mercado de productos duraderos y reparables, los cuales combaten directamente la obsolescencia programada con varios objetivos: reducir el uso y consumo de recursos naturales, disminuir la producción de residuos, impulsar el sector de la reparación y relocalizar en Francia la creación de empleo y la generación de riqueza. Quienes infrinjan esta ley pueden ser castigados con penas de hasta dos años de cárcel y multas de hasta 300.000 euros. Además, las compañías infractoras pueden ser sancionadas con multas que podrían llegar al 5% del promedio de sus ingresos anuales en los últimos tres años. 


La vida útil de productos como televisores, teléfonos, neveras y otros productos ha sido reducida, estos productos tienen sustancias contaminantes como altos niveles de plomo toxico. Muchas empresas aseguran un mantenimiento ecológico de sus residuos y algunas empresas hasta ofrecen un servicio donde se encargarán de su eliminación, sin embargo, muchos de estos residuos terminan en países tercermundistas, en los cuales, la contaminación, junto con estos residuos puede afectar de maneras graves a la población


 

Hay países como China y Nigeria que tienen vertederos internacionales en los cuales en 2010 podíamos encontrar hasta 40 millones de toneladas de estos residuos que no cuentan con el tratamiento adecuado para su correcta eliminación. En 2025 se generarán aproximadamente53,9 millones de toneladas de desechos  procedentes de productos electrónicos


Aquí adjunto unos enlaces que podrían ser de interes


2. ¿Qué es la obsolescencia programada?

 3. Obsolescencia programada: engaño al consumidor