“Se nos obliga a
gastar más cuando no es necesario, lo que conlleva pérdida de confianza”
"La
obsolescencia programada nos obliga a entrar en un ciclo sin fin de consumo y
desperdicio, pero se plantean otras vías para salir del ciclo
comprar-tirar-comprar"
Todos hemos observado como alguna
vez ciertos aparatos que deberían tener todavía un buen funcionamiento se
estropean sin motivo aparente.¿Por qué con los todos los medios y avances
actuales en todos los campos de la técnica no se diseñan los productos mejor? ¿Por qué no se diseñan para que duren más
tiempo? Y, aunque se estropeen, ¿por qué no hay más facilidades para poder
repararlos?
Actualmente tenemos tres tipos de obsolescencia:
- Obsolescencia de función, se da cuando sale a la venta un producto más avanzado, es decir con nuevas y mejores funciones.
- Obsolescencia de calidad, el producto después de tener cierto tiempo de uso empieza a presentar fallas y un mal funcionamiento.
- Obsolescencia de deseo, cuando sale a la venta un producto más avanzado y las personas cambian el que ya tienen, solo por cuestiones de estilos o moda.
Esta afecta de varias maneras a los consumidores, de manera económica y
de manera psicológica, entramos
en un ciclo, comprar, usar, tirar, comprar, usar, tirar y llegamos a desear
productos que no necesitamos.
Todo empieza en los años 1920, cuando los principales fabricantes de bombillas crean el cártel Phoebus, que fija los estándares de producción y venta, además de limitar la durabilidad de cada bombilla a mil horas. Antes de este acuerdo, algunas de las empresas fabricantes garantizaban en su publicidad hasta 2.500 horas de vida útil. En esos años, una influyente revista de publicidad norteamericana admitía que “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.
“Aquella obsolescencia era un modelo de clases
medias, planteaba un bienestar general, un consumo más generalizado y no
reducido a círculos burgueses”, explica Luis Enrique Alonso, catedrático de
Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, a medida que la
tecnología se desarrollaba y alcanzaba mayores niveles de complejidad, la
obsolescencia fue separándose de esa visión positiva del consumo al alcance de
todos y el crecimiento económico al cual no se le divisaba un fin. “Ahora es un
fenómeno muchísimo más diseminado e integrado, se ha convertido en algo mucho
más sibilino y poderoso”, apunta Alonso. El motivo ya no está en los bienes de
consumo, sino en nuestra cabeza.
Así, cada día se generan cada vez más residuos y se consumen más recursos. Para los primeros, no siempre hay una gestión apropiada o ni siquiera un lugar donde depositarlos con seguridad, y los segundos no son infinitos. Se necesitan muchos más materiales para crear un producto nuevo que para ofrecer los repuestos para reparaciones. Además, si a estos residuos generados no se les aplican criterios de circularidad, donde deben implicarse las empresas productoras, se generan graves problemas de contaminación.
El primer gran ejemplo en Europa y a nivel mundial lo tenemos en Francia, cuya Asamblea Nacional aprobó la Ley 2014-344 de 17 de marzo de 2014 (Ley Hamon) relativa al consumo, y también la Ley de Energía de Transición, relativa a la transición energética para el crecimiento verde, en febrero de 2015. Estas leyes impulsan la puesta en el mercado de productos duraderos y reparables, los cuales combaten directamente la obsolescencia programada con varios objetivos: reducir el uso y consumo de recursos naturales, disminuir la producción de residuos, impulsar el sector de la reparación y relocalizar en Francia la creación de empleo y la generación de riqueza. Quienes infrinjan esta ley pueden ser castigados con penas de hasta dos años de cárcel y multas de hasta 300.000 euros. Además, las compañías infractoras pueden ser sancionadas con multas que podrían llegar al 5% del promedio de sus ingresos anuales en los últimos tres años.
La vida útil de
productos como televisores, teléfonos, neveras y otros productos ha sido
reducida, estos productos tienen sustancias contaminantes como altos niveles de
plomo toxico. Muchas empresas aseguran un mantenimiento ecológico de sus
residuos y algunas empresas hasta ofrecen un servicio donde se encargarán de su
eliminación, sin embargo, muchos de estos residuos terminan en países
tercermundistas, en los cuales, la contaminación, junto con estos residuos
puede afectar de maneras graves a la población
Hay países como
China y Nigeria que tienen vertederos internacionales en los cuales en 2010
podíamos encontrar hasta 40 millones de toneladas de estos residuos que no
cuentan con el tratamiento adecuado para su correcta eliminación. En 2025 se
generarán aproximadamente53,9 millones de toneladas de desechos
procedentes de productos electrónicos
Aquí adjunto unos enlaces que podrían ser de interes
2. ¿Qué es la obsolescencia programada?
3. Obsolescencia programada: engaño al consumidor
